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Author: Varios Autores
Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!
E-zine Article
Gozosa Rendición (CD of the Month)
Author: Martha Kilpatrick 3 August 2008
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A esta grabación la he denominado “Gozosa Rendición”, y desde el momento que aprendes a rendirte es algo de sumo gozo porque es la puerta que conduce al reino, es la puerta que conduce a todas las cosas. La rendición es la única puerta, en realidad es la única puerta que conduce a la Voz de Dios, a conocer a Dios, a escucharle y, sobre todo, lo que Él desea es que le manifestemos, que literalmente seas tal y como Él es en el mundo.
Y la senda que conduce hasta ahí es la rendición. La puerta estrecha al reino tiene que ver con la rendición. Durante mucho tiempo esto yo no lo sabía, se puede dar la apariencia de seguir al Señor pero no rendirse a Él. Por supuesto, si le sigues sin una absoluta rendición, vives en verdad una vida miserable. Tenemos en nuestro listado un libro pequeño, y voy a leer una parte para este mensaje, es de Andrew Murray y se llama Rendición Absoluta y esa es la palabra, “absoluta”. Si es menos que absoluta no es rendición. Empieza su libro con esta afirmación:
“En nuestro grupo había un obrero piadoso que estaba involucrado en preparar otros obreros para Cristo, y le pregunté cuál sería para él la mayor necesidad de la iglesia, el mensaje que debería predicarse. Contestó rápidamente, con sencillez y determinación, “lo que se necesita es rendición absoluta.” La palabra me golpeó como nunca antes y aquel hombre empezó a comentarme cosas de los obreros con los que tenía que tratar, cómo veía que eran sanos en ese punto, que están dispuestos a ser enseñados y recibir ayuda y que siempre mejoran. (También he visto eso. El único problema es que muy pocos han entregado a Dios una rendición absoluta).
Luego escribe de otros que no son tan sanos, y que se echan atrás y abandonan el trabajo de servir a Dios. La condición para obtener la plena bendición de Dios es la rendición absoluta a Él.
Esta palabra, rendición, ha estado reverberando en nuestro medio en el Espíritu Santo, y hablaba con una nueva creyente sobre la rendición, la rendición de su vida entera, su cuerpo, su mente, y de ser una buena aprendiz, e hizo una pregunta maravillosa, me dijo, Marta, ¿qué diferencia hay entre rendición y negarse a uno mismo? Porque yo le había estado explicando que en realidad se trata de negarse a uno mismo, una palabra que en la raíz latina implica una fuerza, un intenso “dejarlo ir”. Lo que le dije es que el Señor me mostró Su definición y es lo mismo, la rendición es negarse a uno mismo, y negarse a uno mismo es rendición.
Le dije que el Señor me lo había explicado así: dijo que rendición es Japón rindiéndose a los Estados Unidos, a los aliados de la II Guerra Mundial. Renunciaron a su poder, a sus derechos, a su autogobierno. Entregaron sus armas, su país y su gobierno a los Estados Unidos. Entregaron su economía, entregaron su derecho de propiedad. Tuvieron que rendirlo todo. Todo se simbolizó cuando se vieron cara a cara en aquel barco con McArthur y el Emperador rindió su espada. Sin embargo aquello lo simbolizó todo, el poder, el derecho de propiedad sobre uno mismo, y como los Estados Unidos son tan maravillosos, y siempre desea que las personas se gobiernen a sí mismas, reconstruimos su país y se lo devolvimos. Pero los japoneses no lo sabían. Sabían que habían sido derrotados.
Bueno, no eres derrotado, sólo eres capturado, y te han permitido salir de prisión, pero el reino exige que te sometas a Dios y te rindas. Es la rendición de la voluntad. Sobre Hebreos 9:14, Andrew Murray hace un comentario que Jesús se rindió a Dios por el poder del Espíritu Santo. Y Dios pide, esa es su petición, que nos rindamos a Él. Dice, “Cuánto más la sangre de Cristo que mediante el Espíritu eterno se entregó a Sí mismo sin mancha ante Dios”. ¿Ves?, la rendición de Jesús fue mediante el Espíritu. Tú y yo, mediante nuestra naturaleza natural, no tenemos la tendencia de rendirnos a Dios hasta el punto que Él pide.
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Y por tanto, es por el poder del Espíritu presente en ti, si la palabra rendición viene a ti, que tienes la gracia para rendirte. Más tarde te mostraré dónde está eso en la escritura. Pero en realidad es la rendición de la voluntad. En Getsemaní Jesús se rindió, No Mi voluntad, sino la Tuya. Así pues, la rendición absoluta es el camino que lleva a Dios.
Hace poco luchaba con la idea de tratar con un par de personas porque sus vidas acaban siempre en el mismo punto, y nunca parecen capaces de romper con ello. Al yo venir al señor como una niña cuando tenía veintipocos años, yo era muy simple y lo entendía rápido. Me había enamorado de Él y entendí que Él era el jefe. Creo que eso provino del amor. Pero siempre había asumido que todo el mundo entendía que tenías que rendirte a Él. Y una de mis queridas amigas en el Señor me dijo, “Marta, se trata de tu mensaje de control VS sumisión. En realidad tu secreto es la rendición.” Me decía, “cada vez que estoy contigo estás involucrada en una nueva rendición.” Es ser poseída por Él en rendición, no controlarle a Él, y decía, “la gente quiere controlar lo que tú tienes y creen que por manifestar Su verdad y tener autoridad en Cristo tú le controlas a Él.” Y me di cuenta que la mayor parte del cristianismo habla de enseñorearse de la verdad. Control de los principios involucrados, control de Dios por una relación con Él, y hace años aprendí esta diferencia de una forma insignificante y extraña, y lo he compartido antes y lo he compartido en el podcast, pero es una especie de parábola viviente, una ilustración que creo que merece la pena relatar. Crecí rodeada de amigos del Ballet de Atlanta, en el mundo del ballet. Conocía detalles del ballet, y hace unos años una amiga me regaló unas entradas de una representación, creo que del Lago de los Cisnes, y de hecho ella era una experta en ballet y me dijo que en esa compañía de ballet había primera y segunda bailarina, que se alternan para bailar. En este caso era la segunda bailarina, y mi amiga dijo, esta bailarina es pura perfección, y yo le dije, ¿cómo es eso? ¿En qué puedes ver que es perfecta? Y ella dijo, bueno, estudió con la Bolshoi, una escuela rusa considerada la más disciplinada y rigurosa del mundo, y decía, cada uno de sus movimientos es perfecto, la postura de su espalda, todo es perfecto. Y así que observé su perfección, pero el ballet en realidad nunca se hizo algo vivo, y cuando acabó, la audiencia no se levantó, dieron un educado aplauso y se fueron tan pronto como la norma de decencia exigía dejar de aplaudir y marcharse. Tuve la oportunidad esa misma semana de volver otra vez acompañada de alguien, no recuerdo si mi nieta o mi hija, y en esa representación bailaba la primera bailarina. Creo que se llamaba Mania Baria. Y esa representación fue muy distinta. La compañía que bailaba junto a ella estaba viva, y cuando acabó la representación la audiencia se puso en pie y ovacionó sin fin. Y yo sabía, le dije al Señor que sabía que había visto un principio espiritual, y que tenía que saber lo que había visto, tenía que saberlo. Tienes que mostrarme lo que he visto, porque la segunda representación significó algo muy distinto para todas y cada una de las personas que estaban en aquel edificio. Y sabía que todo se centraba en la bailarina principal. Así que compré otras entradas en la segunda fila y volví a sentarme con unos prismáticos. Quería ver qué pasaba, y lo que vi en el rostro de esa bailarina era una rendición absoluta a la danza. Y el Señor me lo explicó por medio del libro Ríos en el Desierto, de Charles Cowman. Esta mujer contaba la historia de los pilotos de las líneas aéreas, de que si querían vivir, tenían que entregarse por completo a las leyes del aire, las corrientes del aire, los principios del vuelo y decía que ningún piloto saldría a volar sin rendirse a esos principios, y entonces yo entendí que lo que había presenciado era la diferencia entre control y rendición. Y que el control busca conquistar a la danza como tal. La ejecución de la segunda bailarina giraba en torno a sí misma, en torno a su propia perfección, su propia ejecución, su propia maestría.
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En la segunda representación, la bailarina se entregó a sí misma a la danza, y la danza le reveló sus secretos y debido a que se había rendido, encendió a todos los que estaban en el escenario y a la audiencia también, y aconteció el éxito del baile, no el éxito del bailarín. Así que, a mí me enseñó un principio espiritual enorme y de máxima relevancia, que en realidad no puedes controlar nada, que siempre tienes que allegarte a ello en rendición. Pero como queremos ser Dios, y creemos que deberíamos y deseamos estar al mando y queremos que todo gire a nuestro alrededor, no anhelamos rendición, y la mayor parte del cristianismo es un asunto, una expresión, de control del cristianismo. Pero la rendición es el secreto, rendición absoluta hasta el punto de negarse a uno mismo. Y le dije a una amigo, bien, no puedes rendirte sin humildad. Lo que vi en el rostro de aquella bailarina era humildad. Una humildad de entregarse a algo más grande que su propia destreza. No era su destreza, sino poder ser capaz de expresar ese “Baile Perfecto”. Es una rendición a la Palabra, al Señor, es una vida con Él en cada detalle de rendición. No puedes vivir la vida cristiana de ninguna otra forma con éxito. Nada hay que no sea un asunto de rendición. No hay pequeña compra, ni acto diminuto, no hay desafío en circunstancias de tu vida que no sea un desafío para negarte a ti mismo y rendirte. No creo que puedas escucharle a Él sin rendición, en certidumbre, como un estilo de vida. Puedes escucharle de vez en cuando, pero ha de ser Cristo como Señor de modo que tu vida entera sea un mirar a través de la lente de Jesús y sea manifestar la presencia de Jesús inconscientemente, pues todo versa acerca de Él. No se trata de nada más excepto de Él; no se trata de sabiduría, ni de conocimiento; ni siquiera se trata de una verdad. Todo es para Él, y cuando lo rindes todo a Él, ocurre que instintivamente te desplazas a Sus dominios, de forma que Él Mismo es capaz de derramarse en ti, derramar Su sabiduría, Su guía, e incluso Su provisión. Si tratas de agarrarle, de obligarle a moverse, le perderás. A veces escucho frases así. “Vamos a hacer que la gloria sea derramada.”. Bueno, quizá sí, quizá no. No puedes orquestarle, o vas a orquestar un espectáculo de la carne, o a veces aun lo demoniaco. No puedes atraparle, sólo puedes tenerle mediante la rendición más espantosa. Y la rendición que quiero asegurarme que todos entendamos, es que hay una rendición inicial de todas las cosas. Después llegas a diferentes desafíos de, ah, tengo que rendir esto. Es como expliqué a un nuevo creyente. Al principio firmas un contrato en blanco. Dices, te doy todo cuanto soy y todo cuanto tengo. Te doy mi cuerpo, alma y espíritu, y te doy mi corazón y te doy mi mente. Te lo doy todo. Después, según la pasa la vida, Él rellena las cláusuas del contrato que firmaste, y Él dice, “te rendiste a esto.” Hay cosas que yo he dicho, “oh no, Señor”, y Él me decía “me dijiste que podía hacer lo que Yo quisiera con tu vida”, y yo tengo que decir, “Sí, Señor, me postro.”
Siempre me viene a la cabeza Linda Dillow cuando hablo de esa palabra “postrarse”. Ha escrito un nuevo libro acerca de la adoración, y todo lo que dice es, “me postro, postro mi mente, me postro yo, postro mi vida ante Ti.” Para ella postrarse es negarse a uno mismo, una rendición a Su Señorío. Mi querida hermana Jacquelyn dice que ora todas las mañanas, “rindo mi voluntad a ti, y abro mi corazón a ti.” Y esa misma oración ha sido para mí una profunda manera de empezar mi día a día.
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Bien, la rendición de la voluntad es la pérdida de ti mismo, y yo creo que es el único modo de tratar con Dios. Si tienes algo en tu vida que tienes que rendir, Dios está ahí con gracia para que puedas hacerlo. Puedes hacerlo, puedes rendirte a pesar de la poca fe que tengas o lo débil que seas, tienes la gracia divina para rendirte. Últimamente me he parado en Santiago 4:1-10. Voy a leerte esto en
“¿Creéis que la escritura dice en vano cuando dice que el Espíritu que Él hizo morar en nosotros nos anhela con amor celoso? (Ahora, este es el asunto). Pero Él da gracia sobre gracia, poder del Espíritu Santo, para enfrentar esta tendencia maligna y al resto también.” El asunto, creyentes, es la gracia. “Es por eso que Él dice, Dios se opone al orgulloso y engreído, pero da gracia continuamente al humilde, aquellos lo bastante humildes como para recibirla.” El asunto de la rendición es gracia. Tienes la gracia. Has tenido a tu disposición la gracia a lo largo de toda tu vida, antes de que conocieras a Dios. La gracia siempre ha estado ahí. Lo que sucede es que no accedemos a ella a causa del orgullo. Si Dios te llama a aceptar algo difícil, algo que tu humanidad no puede aceptar en modo alguno, algo que nunca soñaste que Dios pudiera pedirte, hay gracia continua, dice Él, para el humilde, para aquellos lo bastante humildes como para recibirla.
La rendición es un don de Cristo. Él vino y dijo, “me deleito en hacer tu voluntad, oh Señor.” Él vivió gozoso ante la voluntad de Dios. Sólo hay un episodio en que tuvo problemas, y el Espíritu Santo le auxilió, y el Espíritu Santo vendrá al humilde para dar la gracia para rendirse.
Luego dice en el versículo 7, “así pues sujetáos a Dios” (otra traducción dice, “sometéos a Dios”). Busqué esa palabra en hebreo y tiene dos raíces; la primera parte significa “allegarse a un órden”, y habla de una posición. Vienes a tu posición y permites a Dios tener Su posición, y es la posición de la vida del cuerpo. La segunda significa “estar sujetos”. Estás sujeto a Dios, pero también estás sujeto a Su orden en este mundo, Su orden de gobierno, Su orden en el cuerpo de Cristo, y ahí es donde la mayoría de las personas no se someten.
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Puede que se sometan a Dios, pero no se someterán a Su orden. Mi compañera de oración me dice con frecuencia que hay un orden en el cuerpo. Y tenemos que aceptar el orden. No todo es lo mismo, aunque somos igualmente pecadores e igualmente perdonados, cuando Dios dispone Sus mandatos, primero son apóstoles, luego profetas, etc. Y hay un orden del cuerpo del que Pablo habla en 1 Cor 14. Y para nosotros es piedra de tropiezo. No queremos estar en nuestro lugar, queremos otro lugar, queremos otra historia distinta a la nuestra, queremos otros sufrimiento distinto al nuestro. Pero la sumisión entra en el orden. Dios puede darte una posición que sientes es demasiado alta para ti, o Dios puede darte una posición que sientes es demasiado baja para ti, pero conlleva humildad y rendición decir, “habré de ser lo que Tú me pidas que sea, y aceptaré el lugar de los demás.” Esa es la verdadera rendición y esa es la mayor piedra de tropiezo.
“Así que el meollo de este asunto es estar sujetos a Dios, resisitir al diablo, afirmarse contra él y éste huirá de vosotros”. ¿Lo ves? Toda esta secuencia del capítulo 4 lleva a la victoria, y la victoria proviene de la rendición, no proviene de ninguna otra parte. No puedes controlar a Satanás. Es como dijo el demonio, a Pablo conozco, a Silas conozco, ¿pero tú quién eres? Bien, Pablo y Silas eran hombres de rendición. Dios me enseñó hace años que no puedes combatir la rebelión si tú mismo estás en rebelión. Y Satanás es el autor y príncipe de la rebelión. Se reirá de ti en tu cara si tratas de conquistarle sin rendición a Dios… el secreto de la guerra espiritual es primero rendición. La rendición es una renuncia hasta el punto de que derrotas a Satanás a causa de Cristo. Todo es para Él. No se trata de ti o de mí. Podemos ser engullidos por todo lo perteneciente a Cristo, como dice en Efesios 1, que todo será reunido en Él. 1ª de Colosenses dice que Todas las cosas por Él subsisten. Y todo es para Él. Al final de Romanos 11 dice que todo es para Él y de Él y hacia Él, y que todo se consumará en Él, y cuando te rindes, tienes la unidad, la centralidad morando en tu alma y en tu espíritu y aun en tu cuerpo. Y por instinto ver que todas las cosas apuntan hacia Él. Así que la rendición es la cosa más maravillosa, aunque implique que tú pierdas. Pierdes la aprobación del mundo, pierdes satisfacción propia, pero al otro lado de la rendición hay gloria. Están todas las posibilidades, todas las ventajas que proporciona el reino, la protección del rey. Es una dulce rendición, desde el momento que aprendes que la rendición es la forma de suplir tu propia necesidad. Si quieres suplir tu necesidad, ríndete y entrégala a Dios. Si quieres solventar tus problemas, dáselos a Dios.
Tenemos dos versículos en mi agenda diaria, tengo un pequeño marcador en el que puedes meter un trozo de papel, y ahí he escrito una escritura que yo creo es para nuestro ministerio:
“Deposita tus obras sobre el Señor, y Él conformará tus planes y pensamientos a Su voluntad.” No es un cita literal de la Biblia Ampliada, pero habla de renunciar. Entrégale a Él la obra del ministerio, y al final dice, “Él hará que tus planes tengan éxito.” ¿Lo ves? La rendición es la llave del éxito, y es el único camino que Dios ha dado, no tienes otro camino. Aprende la senda. Si evitamos la senda, nos enredaremos en los arbustos e incluso estaremos confusos, tropezaremos y nos liaremos. Así pues, deposita tus obras sobre el Señor, eso es renunciar. Entrégalas a Él, y la palabra en hebreo es la misma que se usa para “jabalina”, y significa que lanzas tus obras sobre el Señor.
Y la otra escritura que tengo escrita en este pequeño marcador es para mí. Es de Mateo 11:28-29.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Pero el siguiente dice, “llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”
Bien, puedes venir a Él con tu hastío de la vida, y Él te hará descansar, pero si tomas Su yugo, que es rendición, le conocerás, y no le conocerás en Su profunda e inefable humildad y ternura, no le conocerás a menos que tomes el yugo.
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El yugo es esa barra grande de madera que se colocoba sobre los bueyes, y el buey en cabeza cargaba la mayor parte del peso, pero ibas allá donde iban los bueyes. Te colocas bajo el yugo, vas allá donde Él dice que vayas, marchas junto a Él, no marchas por tu camino. Has escogido ser encerrado bajo Su voluntad, a Su guía, pero allí le conocerás. Estamos viviendo un grandísimo, un enorme movimiento de intimidad con el Señor, pero la intimidad con el Señor se halla en esta renuncia y rendición abyectos. La intimidad sirve para conocerle en Su humildad y después hallar descanso para tu alma. Y Su yugo es fácil y su carga es ligera cuando te rindes. Porque la carga se la das a Él, y porque tú mismo te sitúas bajo Él. Hay un jóven que dijo acerca de mí, “no sabía que nadie podía estar tan reposado.” No siento esa calma. Soporto mucho sufrimiento y angustia y necesidad, pero hasta donde yo puedo intuir, el núcleo de mi ser está bajo el yugo. Mi rendición está actualizada al día de hoy. Va a seguir siéndolo una y otra vez. Voy a estar bajo desafíos, ahora mismo estoy sufriendo profundos desafíos para rendirme a Sus elecciones para mi vida. Seguiré siendo desafiada hasta el día en que muera, porque este asunto de rendir nuestro ser completo no tiene fin. Hay una primera rendición. Yo lo hice cuando tenía veintipocos años. Cuando le vi y me enamoré de Él, Él dijo, “me he entregado a ti”, y yo dije, “ah, eso es algo que yo no sabía. Creía que te habías entregado por mí. ¡Pero Tú eres mío!” Ah, muy bien, me entrego a ti, y quería dar a entender que lo hacía por completo. Desde entonces me he golpeado con miles de muros, teniendo que arrastrarme bajo muchos de ellos, o debiera decir, miles de puertas estrechas a través de las que he tenido que derramar cosas y renunciar a otras para conseguir atravesarlas rendida a Él. Pero es el secreto, y el único secreto. Así pues consiste en dejarlo todo.
Andrew Murray escribió esto; “El pecado es esto: el hombre empecinado en ser algo y no permitir que Dios lo sea todo.” La rendición es darlo todo a Dios, ese es el tema, todo. Mi compañera de oración dijo esta mañana que está meditando el título de mi libro, El Todo y el Único. Ella decía que “todo”precede a “único”. Él lo es todo, pero ser único es una historia diferente. Eso lo elimina todo y a todos, sobre todo a mí. Y me encantó cómo ella lo veía. Bueno, hablando en serio, ¿a qué renuncias? Es abdicar de toda forma de poder, de toda forma de control y de toda forma de posesión. Te verás desafiado en cuanto a la posición, la posesión y el poder. Te verás desafiado a abandonar cualquier posición que Dios te haya de entregar. Recuerdo que muy al principio me llamó a dejar la enseñanza y para mí aquello fue una crisis fuerte. Aquello implicaba abandonar una posición, pero Lucas 5, me encanta esta historia, la he llegado a amar de un modo tan personal que aquí es donde ahora habito. Es cuando Jesús vio dos barcas, y los pescadores se bajaron de las barcas y estaban lavando sus redes, y Él entró en una de las barcas y les pidió que se alejaran un tanto e la orilla… era Pedro, Simón Pedro, y “se sentó y empezó a predicar a la gente desde la barca. Y cuando terminó de hablar le dijo a Simón, “dirígete a aguas profundas y echad vuestras redes.” Entonces Simón respondió, (imagináos el cuadro de que había terminado su noche de trabajo, y estaba lavando sus redes. Aquí viene Jesús y dice que vuelva a echarlas al mar) Y dijo, “Maestro, hemos trabajado toda la noche (¿Te has pasado toda la noche pescando alguna vez.? Yo nunca.), y no hemos pescado nada, pero por tu mandato, por tu palabra, echamos las redes.” Para mí eso supone una rendición increíble. Así es como llega Jesús. Nos prueba. ¿Harás lo que digo? Aunque sea inconveniente. Ya lo has hecho y lo vas a hacer otra vez. “Y cuando lo hubieron hecho, capturaron gran cantidad de peces, y sus redes empezaron a romperse. Así que hicieron señas a sus compañeros de otra barca para que vinieran a ayudarles. Y vinieron y llenaron las barcas al punto que empezaron a hundirse.”
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Y la reacción de Pedro a esto fue que cuando lo vio, se postró a los pies de Jesús diciendo, “aléjate de mí, Señor, pues soy un hombre pecador. Porque se había maravillado él y todos sus compañeros a causa de la pesca que habían hecho.”
Ves, las riquezas y abundancia y milagros de la intervención y presencia de Cristo sobrecogieron a Pedro y tan impactado quedó que fue consciente de su profunda pecaminosidad. Se postró ante la majestad y la grandeza de Cristo. Y también lo vivieron así Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y Jesús le dijo a Simón, “No temas. En adelante seréis pescadores de hombres.” Cuando trajeron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y le siguieron.
Como ves, la rendición inicial de Pedro ante un solo acontecimiento, le llevó a maravillarse de Jesús, a postrarse ante Él. Esa es otra rendición, el postrarse. Otra rendición, una tercera rendición es decir, soy un hombre pecador, no puedo soportar tu presencia. Pero la cuarta rendición fue la rendición absoluta… lo dejaron todo. ¿Qué dejaron? Hogar. Negocios, dinero, ingresos, familia, tierra. Renunciaron a todo. Eso es rendición, y le siguieron. Y mira adónde fueron… en Hechos sigue la historia, donde conmovieron el mundo y aun conmueven el mundo por su ejemplo de vida que le sigue a Él. Pero para mí representa una secuencia que es un desafío al control. Dejaron posición, posesión y poder y relaciones personales. Él lo exije todo. Lo siento. Lo tomas o lo dejas, de ti depende, tú elijes. Puedes escoger rendirte en parte y siempre estarás en confusión y ruina. Volverás una y otra vez al mismo terreno porque no estás en el camino. Si entras en el camino, te moverás como el hombre que cita Andrew Murray, avanzarás, verás, tendrás riquezas de verdad que las personas que tratan de controlar la verdad nunca pueden ver.
La rendición es algo que te supera, que nada tiene que ver contigo mismo, pero que te introducirá como un huracán en algo tan gradioso que jamás podrás anticiparte a ello, porque no se trata de otra cosa excepto de Él. Él es el universo, amigos. La historia de la humanidad versa sobre Cristo. El propósito de tu vida tiene que ver con Él, no contigo. Si permites que tu sufrimiento te haga tropezar y no hay rendición, perderás el propósito de tu sufrimiento. Él es más mayor que el conocimiento, más de lo que pudiera conocerse en mil vidas. La única forma de conocerle es permitirle ser todo y perderte en Él. La época de Laodicea no quiere ser insignificante, la época de Laodicea quiere poseer, quiere ser rica en todo excepto en Él y por tanto ocurre que son pobres, miserables, ciegos, desnudos y mendigos. Pero rendirse significa estar pleno de Sus riquezas, en Su dominio.
Volvamos a Santiago 4:8. Después de haberte sometido a Dios, y haber ordenado huir al diablo, él huirá de ti porque estás bajo el yugo de la autoridad de Cristo, entonces puedes acercarte a Dios y él se acercará a ti. Pero Él no se acercará a ti en el orgullo del control. No se acercará. Quieres que intime contigo, pero nunca lo llegas a disfrutar. No lo llegas a disfrutar porque lo primero es estar sujeto a Dios. Acércate a Dios y Él se acercará a ti. Reconoced que sois pecadores, y empezaréis a ver vuestra suciedad, como Pedro. “Soy hombre pecador.” Y entonces tus manos embarradas son limpiadas. Y te das cuenta de que has sido desleal y tu corazón se purifica. No puedes tener un corazón puro o una conciencia limpia o un ser limpio sin rendición. “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”
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Pero no podemos aislar ninguno de esos versículos del principio del “someteos, pues, a Dios”, una sumisión total e íntegra tanto a Su orden como a Sí Mismo. Él tiene organizado este universo hasta el último de los seres humanos. Si juntas a tres creyentes tendrás orden, y el orden no será necesariamente lo que el hombre dispone en la iglesia, el orden será lo que Dios ha dispuesto, y más nos vale encontrar ese orden, porque es el único que cuenta. Y Dios quiere darte importancia. Quiere hacer que tu nombre sea recordado, como ha hecho con algunos en la historia. Watchman Nee, Oswald Chambers, Carl Barth, la lista es larga aunque en realidad es corta. Hay muchos que vivieron rendidos cuyo recuerdo se ha borrado, cuyas obras no han perdurado. T.Austin Sparks, probablemente mi favorito. Norman Grubb Ian Thomas. Spurgeaon. La lista sigue y sigue en cuanto a las vidas que Dios considera importantes. Dios tiene que darte la importancia, y tú tienes que llevar esa importancia a través de la estrecha puerta de la rendición absoluta.
Al otro lado de la rendición existe un gozo exquisito, porque todo te es dado. No puedo siquiera describiros las riqueza que encuentras.
He estado estudiando y memorizando durante ya varios meses lo que Juan 15 dice acerca de “permanecer en Él”, y me doy cuenta que permanecer es rendición, es renuncia. Creo que no lo había captado anteriormente. He estudiado la palabra permanecer durante todo mi caminar, unos 40 años, y ahora sé que antes de poder habitar y permanecer en Él, tienes que desprenderte de tus elecciones, de tus fuentes, de tu voluntad y de tu propio yo, para poder ser una vasija en que el vino derrama su enorme fruto y gloria, que se supone está ahí para el Padre. Tú eres Su templo, y Él ha de ser tu única fuente. Ese es el significado del vino y los pámpanos. Tú eres el pámpano, no eres la fuente, y si eres el pámpano, no tendrás otra fuente excepto el vino Mismo. Eres propiedad de otro. No eres enjaulado, sino comprado. No estás en prisión, has sido hallado. Entrégate a ti mismo y todo lo que eres a Aquel que te halló.
El versículo de mi vida es Romanos 12:1, “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos…” Ves, no puedes ser transformado en tu mente hasta que hayas entregado tu mente al Señor. Dicen que Él no tiene otras manos excepto las nuestras. No tiene otros pies, pero tampoco tiene otro cerebro aparte del nuestro, y en verdad tenemos la mente de Cristo, pero sólo en rendición a Su mente, y la mente es la última zona que rinden la mayoría de cristianos. Cuando Él dice que rindas tu cuerpo, Él quiere decir cada una de sus partes, cada órgano, cada célula de tu cuerpo físico, y Él quiere habitar y manifestarse a través de ese cuerpo. La única solución para el pecado que da
Pero la renuncia… aprende a renunciar a ti mismo. Creo me sería fácil hacerlo si pudiera poseerlo. Queremos poseer. Queremos poseer a Dios, ¿lo sabías? Eso lo sé de mí misma. Quiero poseer, pero no quiero ser poseída.
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Pero la vida de Cristo en mí anhela ser poseída de Dios. Pertenecer por completo a otro, radicalmente, íntegramente. Pero, ¿sabes?, todo lo que Dios hace en tu vida exije rendición. Todo desafío, todo llamado, cada mandato de Dios en tu vida exije rendición, y nunca tendrás lo que Él te manda hacer o tener, sin rendición. Él te llama a amar, pero no puedes amar hasta que rindes y renuncias a tu propio amor. Todo exije muerte al yo, eso es lo que en verdad es la renuncia a uno mismo. Es dejarte ir a ti mismo, y eso es rendición. Cada revelación exije muerte. Si no estás dispuesto a ser destruido por tu luz, perderás tu luz. Si no te rindes a la luz, tu revelación morirá en ti y te preguntarás adonde se fue. Si tu obediencia no implica tu muerte, para Dios esa obediencia no vale nada. Tu rendición es una muerte a tu voluntad, a ti mismo. Cada situación de la vida exije rendición a Dios, y hay algunas cuestiones difíciles que nos cuesta mucho tiempo renunciar a ellas. Hay ciertas cosas que son muy difíciles de aceptar, y que Dios te las ha puesto en el camino. Pero te enfrentarás sin cesar a situaciones, a verdades y a llamados que exijirán que mueras a ti mismo, que lo abandones todo.
Fred Pruitt, no sé quién es, pero escribió esta cosa maravillosa: “Si le has recibido a Él (quiero decir, si te has rendido a Él… porque no puedes recibirle a menos que te rindas a Él) entonces lo sepas o no, tu vida es la la vida del Dios vivo fluyendo en tu mundo, sin esfuerzo, sin planearlo, sin diseñarlo, etc. Por tu parte. Él hace milagros ocultos a cada paso que das, porque eres Su templo donde Él reside en libertad y amor, mediante la plenitud ilimitada de Sí Mismo en tu carcasa humana débil y frágil.” Y yo voy a añadir, cuando Él toma residencia en tu cuerpo porque le has entregado tu cuerpo a Él, en verdad, en verdad, no vas a saber necesariamente lo que Él manifiesta o cómo se manifiesta Él en tu vida. Creo que cuanto más se manifieste en tu cuerpo, en tus pensamientos, en tus palabras mismas, en todo lo que haces, menos te das cuenta de ello. No podrías darte cuenta e ignorarlo al mismo tiempo. Sólo tenemos que estar al tanto de Él, pero no tanto de lo que Él exhala a través nuestro.
Bueno, he compartido algunas de estas cosas, ciertamente no en este órden o en esta profundidad, en los podcast. Empezaré el 10 de agosto y continuaré quizás durante 4 o 5 semanas.
Voy a terminar compartiendo algo personal. Estando en una crisis indagaba del Señor, y su respuesta arrojó mi vida entera a la luz. ¿Cuál es el propósito de esto Señor? Conocí a un hombre piadoso, sabio, y me dijo, “Has pasado un gran sufrimiento en tu vida, y pones ante Dios una pregunta crucial. Y la pregunta en realidad es, ¿por qué? ¿Qué propósito tiene esto? Las respuestas típicas no te servirán. Tienes que recibir una respuesta crucial, importante.” Y yo le pedí al Señor que me diera esa respuesta crucial. Creí que llevaría tiempo y sería muy compleja, y no lo fue en absoluto. Me dio la respuesta por medio de un versículo que Él iluminó. Zacarías 13:9, “Y meteré en el fuego a la tercera parte (que habla del remanente), y los fundiré como se funde la plata y los probaré como se prueba el oro.”. Y la plata es el refinado del creyente, de la persona, y el oro es el lugar donde se prueba la plata, por ver si Cristo es en verdad la vida, porque Él es el oro. “El invocará mi nombre, y yo le oiré”. Y de repente entendí el propósito de mi vida. Mi vida entera ha sido una prueba de fuego. Y la prueba es para llevarme a una única conclusión, y la entendí.
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Así que escribí esto:
El fuego eres Tú, no ellos.
Me ha dado con gran poder un versículo, “Fuego consumirá delante de él, Y tempestad poderosa le rodeará.”. Es del Salmo 50.
Tú eres la hoguera, Tú eres la crisis. Tú eres la temible tempestad de fuego. Has prendido mi alma y mi pasado entero está ardiendo. Cada instante, cada inhalación de aire pasada, arde. Tú eres fuego consumidor. En el rescoldo de mi cenizas, quedo intacta. Mi ruina sólo una cáscara resquebrajada, y “soy” cuando estoy quebrada, me hallo cuando me pierdo, veo cuando estoy ciega, me sostienen estando sola. Cuando me tiendo sobre ti, sin que quede nada que luche contra ti o para esconderme de ti, ahí estás Tú. En Tu gloria y Tu majestad, ahí estás para mí, pero estás tan tranquilo, tan silencioso porque Tu amor se encuentra detrás del fuego. El fuego es amor, el fuego trata del amor, y el fuego es por el amor. Utilizaste un fuego para hacer que te amara, y Tu amor por mí produjo el fuego. Todo es fuego, no sufrimiento, sólo fuego. Pretendes que sobreviva, como Sadrac, Mesac y Abed. Nego, sin oler a humo. Pero conmigo había un Cuarto en el fuego, lo sabía antes, y lo supe después, ese Cuarto en el fuego me libra del fuego. Y el amor es mayor que todo poder sobre la tierra. El amor es la mayor fuerza del universo. Nada puede resisitir al amor excepto mi elección. Pero el amor es la fuente y el escondedero de todas las cosas. El fuego es amor y el amor es fuego. El fuego se abalanza sobre mí, y el silencio del amor exije mi mente, mi voz, mi todo, y sobre todo, mis creencias.
Él sólo quiere que te rindas porque ese es el lugar al que perteneces. Es una rendición gozosa. Él sólo desea que renuncies a todo para así poder dártelo todo. ¿Lo entiendes? El versículo de Juan es, “pierde tu vida y la salvarás, salva tu vida y la perderás.” Pierdes tu vida en rendición, y entonces la hallas. En completa perfección, entregada a ti, entregada a ti, preparada a favor tuyo, pero tienes que perderte a ti mismo para hallar semejante provisión. Así que te dejo con eso, que el amor es mayor que cualquier cosa. El amor sana, solventa, crea y vuelve a crear. Y así pues te pido, ríndete al amor.
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