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“Worship is the source of the power to forgive, a power which must be divine...for it is not humanly possible.” —Martha Kilpatrick (Daniel's Worship)

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Control o Rendición

10 August 2008

Episode #86

Grabado en fecha: 10 Agosto 2008

(J) Bien, Marta, me han dicho que estás llena esta mañana, y asíque me gustaría sacarlo y ponerlo en un podcast. Así que, ¿de qué te gustaría hablar esta mañana?

(M) Hay una palabra que estamos meditando en el Cuerpo, y parece ser la palabra que ahora mismo le doy a todo el mundo como solución. Pero antes de darte la palabra, quiero compartir dos escrituras. Tengo un pequeño marcador con unas citas escritas en él que cada día pongo en mi agenda señalando el día presente. Y a veces les presto atención y otras veces no. Pero se me está resaltando el significado de esas dos escrituras. La primera es la que escogimos para el ministerio.

(J) Hmmm

(M) Es, “Encomienda a Jehová todas tus obras, y tus pensamientos serán afirmados estando en consonancia con Su voluntad, y así tus planes serán establecidos y verán días buenos.” Eso es Proverbios 16:3, en la Biblia ampliada. Y esa palabra “encomendar” es la palabra usada para “lanzar una jabalina”. Así que significa liberar, lanzarte a ti mismo sobre el Señor, tus obras. Esa es nuestra temática o mandato en nuestro ministerio. La segunda es más personal. En Mateo 12, hay dos niveles para acercarse al Señor. El primero es ven a Mí. “Venid a mí todos los que estéis cargados y cansados y yo os haré descansar.” El siguiente nivel es, “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.” Y esa escritura ha sido para mí una especie de escritura “para toda la vida”. La promesa de ambas es alucinante. Y sabes Juan, he vivido durante un buen número de años, sola con el Señor. En realidad Él era mi único mentor, aparte de Nee y de otros que leía. Pero acudí a Él a mis veinte y tantos años como un niño necesitado. Así que mis tratos con Él eran muy de niños. No eran tratos que dependieran de conocimientos míos previos; sencillamente eran transacciones espontáneas con Él. Él me permitía saber que se había entregado a mí, y yo decía, “Ah, maravilloso, yo me entrego a ti.” Y quería hacerlo por completo, y así que todos estos años he asumido cosas acerca de todos aquellos con los que he trabajado. Y así que les llamo a oír la Voz de Dios.

(J) Hmmmm

(M) Y francamente a veces me frustro. Porque les digo a las personas con las que trabajo más cercanamente, “escucha la Voz del Señor”. Pero sabes, no sabía que existía un vacío entremedias. En realidad no sé lo que yo he adquirido, o cuáles son mi secretos, porque para mí fueron algo muy instintivo. No han venido de la forma en que otros han llegado a ellos. Vinieron, no sé, como “el Camino”. Y yo asumo que todo el mundo conoce el “Camino”, y el Camino que lleva al Camino. Lo que no he sido capaz de compartir cuando empujo a las personas a oír o a hacer esto o lo otro, es un llamado primero a rendirse; una rendión franca, total y absoluta. Y alguien que camina cerca de mí me ayudó a ver esto. Porque hace tiempo, y esto lo he dicho en una grabación, aprendí una lección de la diferencia entre control y sumisión. Y lo aprendí, no entraré en detalles, sino que sólo diré que lo aprendí. En mi niñez vivía cerca de personas que formaban el Ballet de Atlanta. Eran amigos de la familia. Así que sé un poco de Ballet. Conozco las técnicas implicadas. Y hace tiempo vi una representación, dos representaciones; por casualidad acudí a dos representaciones en la misma semana. Creo que el tema era “El Lago de los Cisnes”. Y la bailarina principal no bailó en la primera representación. La segunda bailarina bailó la primera, porque hay un orden, según seas el mejor o el segundo mejor. Bueno pues la segunda mejor bailó, y la persona junto a mí era una experta en ballet, y me dijo, “esta mujer ha bailado con Bolshoi, ha estudiado con Bolshoi, que es el ballet ruso.” Y me dijo que lo hacía en perfección. Y le pregunté, ¿y cómo sabes si es perfecto? Y dijo, “la forma, la postura de la espalda, sus movimientos, son absolutamente perfectos y precisos.” Pero al final de la representación, la audiencia le aplaudió educadamente y salió. Y la compañía no había bailado en unidad, me había dado cuenta de eso. Sabía también que había controlado la perfección de la danza. Bueno, a la segunda representación creo que llevé a mi nieta o algo así. La bailarina principal bailó y el escenario revivió. La compañía danzó unida  y surgió algo fluido y brillante. Y al final la audiencia no daba abasto de aplaudir. Se levantaron y ovacionaron en pie. Y me propuse saber lo que había pasado delante de mis ojos. Así que adquirí entradas para una tercera representación esa misma semana, asegurándome que fuera la primera bailarina la que danzara. Y me llevé unos prismáticos y me puse en la 2ª fila. He contado antes esta historia, pero es una historia muy dinámica. Y observé su rostro por los prismáticos, y lo que vi en su cara no era el control de la danza para perfección de movimiento, sino rendición. Se había rendido a sí misma para hacerse sierva de la danza. Y por tanto la danza se había enseñoreado de ella para vida. Y sabía que estaba contemplando un principio, un principio espiritual cristiano, un principio universal: que el enseñoreamiento es muerte. Es dominio, control, exaltación propia, el yo sentado en el asiento del conductor, y siempre lleva al derrumbe de un equipo, empresa infructosa y muerte. Y esa rendición hacia lo que haces… creo que el Señor me guió a Charles Cowman en “Aguas en el Desierto”, y ella decía esto; decía que “el piloto se rinde a las leyes del aire”. Se rinde, y al rendirse sobrevive. Y decía que debe ajustarse a las leyes de vuelo. Y creo que si no recuerdo mal, así es como el Señor me lo reveló a mí; como yo misma lo había visto. Pero sabes, la mayoría de los cristianos quieren manejar mi señorío interior. Quieren manipular los secretos del Señor. Quieren manipular al propio Señor. Quieren manipular “el camino”. Desean manipular el “cómo”. Y por tanto todo es muerte.

(J) Así lo que lo que estás diciendo es que el control nos hace rígidos, y al haber rigidez no hay vida porque eres rígido en la perfección de…

(M) De ti mismo.

(J) De ti mismo.

(M) De ti mismo. El control tiene que ver contigo mismo.

(J) Ah…

(M) Es exaltarte a ti mismo, es hacerte a ti mismo… la segunda bailarina se centraba en su propia perfección.

(J) Lo que quieres decir es que era rígida.

(M) Sí.

(J) Era rígida en cuanto a su forma de entenderlo, en vez de entregarse a ello.

(M) Sí, no se entregaba. Y estoy viendo que a menos que… a menos que te rindas al Señor, y yo pensaba que seguirle era rendirse… no sabía que algunas personas le siguen para controlar. (Risas)

(J) Ooops

(M) Creía que todos lo entendían.

(J) Ummm. (Risas)

(M) Bueno, estoy avergonzada, pero eso, para mí… la rendión era algo básico. Era esencial. Quiero decir, ¿lo entiendes? Se supone que tienes que entender que debes rendirte a Él. Él es Dios. (Risas)

(J) Ah, ¿de verdad?

(M) Bueno, no es que yo misma lo haya hecho, Juan, de un modo perfecto, pero así empecé, entendiendo que el asunto era rendición. Al comienzo no podría haberlo expresado. Pero… y nunca podía entender por qué las personas no podían oírle cuando querían oírle. Pero has de rendirte antes de poder oír. Tienes que rendirte a Él antes de poder creer. Tienes que rendirte a Él antes de que hayas de recibir cualquier cosa. La rendición te sitúa en el Reino. El control no. No puedes controlar a Dios. Él no va a permitirlo.

(J) Pero es interesante que confluye hacia una perfección. El perfeccionamiento… eso a mí me habla porque sabes, (Juan se ríe), ese es mi problema. Pero quiero decir, esa es la perfección. ¿Qué es perfección? ¿Qué es perfección? Él es perfecto. Yo no soy perfección. No puedo controlar nada. No puedo hacer perfección, y mi rigidez, oh vaya, bueno. Por favor, continúa.

(M) Bueno, mi intercesora me dijo. “Tu secreto no es el control. Tus secretos son de rendición.” Y me ayudó a ver  mis mecanismos interiores, que ignoro por completo… no soy consciente de ellos. Me he lavado los dientes durante tanto tiempo que no pienso en ello. Pero me dijo, “cada vez que estoy contigo hay una nueva rendición en la que estás involucrada”. Es así para poder ser poseída de Él en rendición, no controlándole o poseyéndole. No posees a Jesús. Sólo te inclinas a Él como hizo María de Betania. Sólo te rindes ante Él. Y asi´que dijo, “tu rendición no deja de aumentar”, y así ha de ser Juan, porque no hay límite a la rendición. Siempre hay un desafío al que someterse. Y hay muchas palabras en que puedes traducir rendición. Hablaba con una recién nacida de nuevo y le decía cosas acerca de la rendición y de renunciar a uno mismo. Y le dije que le expresaba “renunciar a uno mismo” porque “renunciar a uno mismo” es una expresión que en su matiz original significa una entrega intensa, echarlo lejos de ti de un modo apasionado. Ella me dijo, “¿qué diferencia hay entre rendición y renuncia a uno mismo?” Y le dije que para mí son iguales, una misma cosa; quizás tengan una definición diferente, pero para mí son lo mismo. Porque el Señor me enseñó años atrás que la rendición es como Japón rindiéndose a los Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial. Rindieron sus armas, su gobierno, su economía, su libertad; absolutamente todo. No había nada que retuvieran cuando se rindieron.

(J) Es increíble.

(M) Sí, fue una rendición absoluta. Y por la integridad de los Estados Unidos no fueron esclavizados, sino restaurados. Reconstruimos su país. Reconstruimos su propio gobierno. Les devolvimos su país, aunque no lo supieran. Y le dije a esta mujer, es como el Señor me mostró, al principio te da un contrato en blanco. Lo rindes todo a Él. Firmas un contrato en blanco de compromiso de rendición que dice que le perteneces. Se lo has entregado todo. Después una y otra vez Él rellena esa cláusula con la que estuviste de acuerdo. Y tienes la opción de romper el contrato o el pacto con Él. Y si continúas rindiéndote a los términos del contrato, Él dice, “muy bien, esto es lo que firmaste; me dijiste a Mí que podía tomarlo todo. ¿No es verdad que eso es lo que firmaste?” Y por tanto es una contínua rendición. E irónicamente, dinámicamente debería decir, Él defiende tus derechos, y te entrega las posesiones que le entregaste. Le entregas tus hijos. Renuncias a ellos. Él te los devuelve. Renuncias a tu salud. Él te la devuelve. Es…. Lo dijiste ayer. ¿Te acuerdas de lo que dijiste?

(J) Es la primera palabra que pronuncié de bebé, la primera. Es “salva tu vida y la perderás, o pierde tu vida y la salvarás”.

(M) Y por tanto perder tu vida es rendirte. Es por eso que Él conectó la rendición de los japoneses con la palabra “rendición”. Esa es la razón de que Él dispusiera en el contrato una rendición absoluta. Es entregarle a Él todo.

  

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